Mientras el municipio de Escobar enfrenta una aguda crisis financiera, con una caída del 25% en la recaudación y un desplome del 68% en el índice de viviendas particulares, el intendente Ariel Sujarchuk parece transitar una realidad paralela de expansión patrimonial. La gestión municipal se caracteriza hoy por una dualidad inquietante: se imponen leyes que bloquean la competencia privada mientras el jefe comunal consolida su propio imperio en el sector del real estate.
En 2021, bajo el impulso de Sujarchuk, el Concejo Deliberante prohibió por unanimidad la operación de inmobiliarias bajo modelos de licencia, franquicia, marca o nombres de fantasía. El argumento oficial fue la defensa de los martilleros locales contra la “competencia desleal”, llegando incluso a vetar la publicidad de estas marcas en la calle.
Esta postura choca frontalmente con la agenda de desregulación del Gobierno Nacional, donde funcionarios como Federico Sturzenegger han calificado estas barreras como una “aberración social” que solo beneficia a un “club” de privilegiados.

A pesar de la parálisis que afecta a los ciudadanos de Escobar, Sujarchuk ha defendido su faceta empresarial afirmando que no quiere depender exclusivamente de la política. No obstante, la controversia surge porque sus emprendimientos se sitúan en el mismo territorio que él administra.
Entre los casos más destacados se encuentra Altos las Casuarinas, un proyecto en Loma Verde donde el intendente realizó un “canje de metros”, entregando tierras propias a cambio del 15% de los departamentos construidos. Lo cuestionable es que la habilitación de este proyecto dependía del propio municipio.
La firma que habilitó esa obra pertenecía a Claudio Flores Barrios, quien en ese momento era Director de Compras municipal y, simultáneamente, presidente de la constructora personal de Sujarchuk, Margus Construcciones.
En tanto, al intendente se le adjudican propiedades de alto perfil, incluyendo una mansión de 800 metros en Puertos del Lago y un departamento en la Ciudad de Buenos Aires valuado en 1.5 millones de dólares, adquirido a un ex socio.
En definitiva, mientras Escobar sufre el rigor de una economía local “complicada de plata”, el esquema de poder parece haber diseñado un sistema donde la libre competencia está vedada para los de afuera, pero las puertas del desarrollo inmobiliario se abren de par en par para la estructura de negocios ligada al palacio municipal.